martes, 8 de febrero de 2011

"La impuntualidad no es una falta de tiempo,sino de respeto"

Existe una frase de Nicolas Boileau-Despréaux que dice: “Procuro sersiempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una personase reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera”. ¡Y quecierto es! El impuntual empieza siendo impuntual y termina siendo pococonfiable y poco respetable.La realidad es que, detrás de esta apreciación que puede parecer exagerada, existen dos tipos de impuntuales: los impuntuales poraccidente y los impuntuales por hobby. Los primeros son perdonadosporque no es difícil retrasarse en una ciudad de piquetes, de paros,de tráfico caótico y de otros inconvenientes que pueden tener que vermás con cuestiones sociales que personales, pero por sobre todo,quedan absueltos porque avisan y se disculpan de alguna forma.

Los segundos son los que llegan tarde impávidamente y sin aviso, seamparan en una constante excusa y se justifican permanentementebuscando ser eximidos. Existe un tercer tipo de impuntual que, lejosde mi comprensión, admite su falta con el lamentable pretexto de noquerer ser el primero en llegar.

A los primeros hay que disculparlos, a los segundos evangelizarlos y alos últimos hay que tenerles piedad…

Las épocas han cambiado y los horarios de invitación con ello. En losencuentros sociales corresponde que el anfitrión cite a una horaconcreta y que esté listo para cuando lleguen los invitados.

El buen anfitrión recibe y despide a sus invitados en la puerta. Sobretodo al recibir, debe estar presente y visible para que quienes lleganpuedan saludarlo antes que al resto de los invitados.

Quien llegue tarde por algún motivo debe anticiparlo para que losdueños de casa decidan qué  hacer y cómo manejar los tiempos de lareunión. A veces el anfitrión puede esperar; otras veces, dilatar lostiempos es imposible porque hay platos que son tiranos y no perdonancomo, por ejemplo, un asado.

Debemos tener criterio y respeto con la hora de llegada pero tambiéncon la hora de partida. Existen invitaciones que especifican amboshorarios; en estos casos, los dos se respetan con rigor, pero más elúltimo.

La puntualidad es fundamental para convivir ordenadamente y son sóloquince los minutos de tolerancia para los atrasados. Llegar antes auna reunión social no corresponde; es preferible esperar unos minutosen la puerta que adelantarse al horario indicado. En cambio, es correcto llegar antes a una clase, un curso o a una cita con elmédico. Recuerden que en estas ocasiones hay inscripciones y trámitesde por medio que nos llevarán unos minutos y llegar sobre la horapuede complicarnos y complicar al resto.

Los invitados, deberán estar atentos al momento indicado pararetirarse y, al decidirlo, lo harán de manera breve y discreta, parano mantener a los anfitriones alejados del resto de sus invitados, nipara predisponer al resto de los presentes a que hagan lo mismo. Escomplicado medir esto en tiempos reales, pero para que lo comprendanmejor, salir corriendo después de comer es tan imprudente comoinstalarse por horas.Para esto es importante estar atentos al anfitrión; si vemos quebosteza incesantemente y no ofrece una vuelta más de café, es señal deque debemos emprender la partida.

Vivimos en un país donde la puntualidad no es respetada, por lo tantoel tiempo ajeno no es valorado y creemos que podemos disponer del mismo como si fuera propio.Ser puntual es una de las principales obligaciones del ser social: delalumno, del paciente, del mandatario, del comerciante, del anfitrión ydel invitado,  pero por sobre todo es una de las patrones básicos dela buena educación y una actitud que debe inculcarse como un hábito alos más chicos.

En definitiva, seremos más respetados si respetamos el tiempo ajeno,por eso para ser puntual con la nota la voy a terminar de la misma manera  como la empecé: “La impuntualidad no es una falta de tiempo,sino de respeto”.  Lástima que esta gran verdad figura como una cita anónima.



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